La culpa del empleado: una condición sine qua non

 

Existen varias razones reales y graves para el despido, pero en los procedimientos disciplinarios el empleador debe invocar un acto ilícito imputable al empleado y vinculado a su persona (razón personal).

Esto puede incluir el comportamiento (por ejemplo, incumplimiento de las reglas, abuso verbal) o la repetición de errores (por ejemplo, retrasos y/o ausencias frecuentes).

Para http://www.marbenabogados.com/ esto también se aplica a una omisión, como el incumplimiento del deber.

Corresponde al empleador justificar la rescisión del contrato invocando agravios concretos, objetivos e indiscutibles. Éstos deben constituir una causa real y grave de despido (art. L. 1232-1 TC), y representan hechos que son precisamente verificables. Los tribunales de trabajo velarán por su efectiva supervisión en caso de que el empleado proporcione información. Si hay alguna duda, es en beneficio de estos últimos.

Así,”si no se encuentra falta alguna contra esta última, el despido es sin causa real y grave”.

La culpa representa una violación de las normas disciplinarias en la empresa y en una estructura que emplea a más de 20 empleados.

La conducta sancionada o que pueda dar lugar a despido se encuentra recogida en el reglamento interno. Sin embargo, esta lista no es exhaustiva.

La propia naturaleza y las consecuencias compensatorias del despido disciplinario son proporcionales a la gravedad de la falta alegada, a discreción del Tribunal de Trabajo.

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